(Foto: Cortesía)
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Por Nilda M. Garcia*

“Ya no hay guerra contra el narco” declaró Andrés Manuel López Obrador el pasado miércoles. Mucho se ha especulado sobre la estrategia de seguridad nacional que implementará el nuevo presidente. Su administración heredó un México violento, siendo el 2018 el año con la cifra de homicidios más alta en la historia moderna de nuestro país, además, también se enfrenta con una metástasis del crimen organizado sobre el territorio mexicano. La estrategia implementada por el gobierno desde que Felipe Calderón militarizó el combate al narcotráfico sostiene una aproximación punitiva, enfocada en la prohibición, erradicación y la criminalización, reflejando el paradigma de la política de drogas estadounidense.

La guerra contra el narco desapareció del discurso político desde la administración de Enrique Peña Nieto, sin embargo, la estrategia continúo siendo la misma. La táctica no se redujo solo a la desarticulación de grupos criminales por “decapitación” o kingpin, sino también al fortalecimiento institucional y el impulso de la educación mediante la creación de escuelas. No obstante, los resultados de la guerra contra el narcotráfico son sólo victorias pírricas.

Capos importantes como Joaquín “El Chapo” Guzmán han sido capturados, pero la violencia, la inseguridad, la desintegración del tejido social, el impacto económico y la pérdida de tantas vidas humanas, opaca los aciertos. Otra consecuencia no intencional del combate al narcotráfico comprende la fragmentación de cárteles, creando cientos de células criminales descentralizadas, difíciles de combatir.

El líder del Cártel de Sinaloa fue extraditado a Estados Unidos (Foto: Cuartoscuro)
El líder del Cártel de Sinaloa fue extraditado a Estados Unidos (Foto: Cuartoscuro)

Investigaciones indican que, al inicio de la guerra, en México operaban de cuatro a cinco carteles importantes. En la actualidad se detectan nueve y alrededor de 280 células criminales o “cartelitos”.

La estrategia de seguridad de Andrés Manuel López Obrador sigue siendo indefinida y vaga, aunque ha implementado un combate claro al robo de combustible o huachicoleo. El presidente ha mencionado en ocasiones que parte de su plan es regresar al Ejército a los cuarteles, la creación de una Guardia Nacional, como también la posibilidad de una reconciliación y amnistía a narcotraficantes.

Militarizar un combate interno puede tener impactos negativos. Generalmente, los indicadores de violencia suben y la violación de derechos humanos por las fuerzas armadas tiende también a incrementar. La desmilitarización podría tener algunos efectos positivos, pero en el caso de México tendría que ser un cambio paulatino, al mismo tiempo reforzando las fuerzas de seguridad locales y estatales, cambiando el enfoque de “abajo hacia arriba.”

El mapa internacional del tráfico de drogas está cambiando (Foto: Archivo)
El mapa internacional del tráfico de drogas está cambiando (Foto: Archivo)

Observando el fenómeno desde una perspectiva internacional, es fundamental enfatizar que el mundo del narcotráfico está cambiando significativamente. Aunque Estados Unidos sigue siendo el país con el mayor consumo de drogas a nivel global, el margen se reduce. El uso de substancias ilícitas se ha popularizado y está al alza en regiones de Europa, Asia, Australia, y en África occidental. Esto ha creado una recomposición de las rutas de tráfico de drogas.

Algunas rutas han cambiado, nuevas se han creado, y otras más se han reestablecido especialmente en el Caribe y América del Sur. Países como Brasil, Jamaica, Costa Rica, Puerto Rico, Trinidad y Tobago, se están integrando a la industria ilícita convirtiéndose en actores importantes. Por lo anterior, las organizaciones criminales en dichos países han ganado relevancia en el mapa del tráfico de drogas internacional, acaparando mercados exclusivos anteriormente a los cárteles mexicanos.

Si la guerra contra el narcotráfico termina, los cárteles de la droga y el crimen organizado seguirán. Es posible que suceda una reestructuración de poder progresiva a nivel global. Las organizaciones criminales en México siguen siendo de las más poderosas del mundo, aunque con la captura de grandes capos del narcotráfico, su fragmentación, y la competencia de organizaciones criminales en otros países abarcando nuevos territorios, podrían presentar algún grado de debilitación.

Aun así, en su gran mayoría, las organizaciones delictivas mexicanas han diversificado sus actividades criminales (ej. secuestro, extorsión, robo de combustible, trata de blancas) lo cual las hace resistentes y su desmantelamiento más complicado.

Debemos de dejar a un lado la idea utópica de que el crimen organizado en México pueda desaparecer sin antes tratar el tema desde la raíz. Mientras la corrupción, impunidad, el fortalecimiento de las instituciones, el nivel de educación, no se trabajen, también tomando en cuenta el factor internacional, los cárteles y organizaciones criminales seguirán operando de forma indefinida.

*Nilda M. Garcia es profesor vistante de la Texas A&M International University

Lo aquí expresado es opinión delo autor y no representa la postura editorial de este medio.