Zoe tiene cinco años y su madre, Danielle Teuscher, participó con ella en un examen de ADN para toda su familia. (Danielle Teuscher)
Zoe tiene cinco años y su madre, Danielle Teuscher, participó con ella en un examen de ADN para toda su familia. (Danielle Teuscher)

Danielle Teuscher concibió a su hija Zoe, de cinco años, con esperma de un donante anónimo. Al firmar el contrato, se comprometió a no tratar de averiguar la identidad del hombre. Nunca imaginó que infringiría sin saber esa norma al realizarse, junto con otros familiares y la niña, un examen de ADN comercial, de esos que indican probabilidades de color de ojos, tendencias mayores a ciertas enfermedades o lugar de origen de los ancestros.

El sitio de 23andMe le mostró un resultado sorprendente: entre los posibles familiares se hallaba una mujer que probablemente era la abuela paterna de Zoe.

El resultado inesperado del ADN reveló que una posible familiar de ellas era probablemente la abuela paterna de Zoe (Danielle Teuscher)
El resultado inesperado del ADN reveló que una posible familiar de ellas era probablemente la abuela paterna de Zoe (Danielle Teuscher)

La compañía permite que los clientes se contacten si lo desean, y la mujer se manifestaba como abierta al contacto. Teuscher le escribió:

“Hola, creo que su hijo podría haber sido el donante de mi hija. He pasado semanas pensando en contactarla o no. Lo último que querría hacer es excederme o hacer que alguien se sienta incómodo. En cualquier caso, sólo quería decirle que estamos aquí, y que estamos abiertas al contacto. Con nuestros mejores deseos, Danielle y Zoe”.

La mujer respondió que no entendía el mensaje; Teuscher se disculpó y no volvió a escribirle.

No obstante, de inmediato Teuscher recibió una intimación de Northwest Cryobank, el banco de esperma al que había recurrido, advirtiéndole que debía dejar de buscar la identidad del padre o la multarían con USD 20.000. Y que como consecuencia de su acto, le informaron, le habían retirado el acceso a otras cuatro ampollas con esperma del mismo donante, que ella había comprado para que su hija tuviera hermanos biológicos en el futuro.

“Fue devastador”, Teuscher dijo a CBS. “Quedé anonadada, lloré durante días, apenas si podía comer. Casi sentí vergüenza. Creí que estaba haciendo algo que era para bien de mi hija, y de pronto se me volvió en contra de una manera tan dura que me hizo sentir como si hubiera hecho algo terrible, como si fuera una delincuente”.

Se quejó de la pérdida de las ampollas: “Literalmente me quitaron a mis bebés. A mis bebés futuros”, dijo. Northwest Cryobank dijo a la cadena que le devolverán a Teuscher el dinero que pagó por el esperma que no podrá usar, pero no las células.

El banco agregó que sus reglas no prohíben los estudios de ADN, pero que “surgen preocupaciones cuando los resultados se usan para contactar a un donante o su familia”. La empresa recordó el contrato que prohíbe la búsqueda de la identidad; Teuscher distinguió que ella lo firmó, en efecto —”bueno, uno marca las casillas”—, pero su hija no, y “la niña es un ser vivo real, que respira, que siente”.

El caso muestra un conflicto que, a medida que se populariza el acceso a los análisis genéticos, habrá de repetirse entre los niños concebidos por medio de donantes y los que prestan sus espermatozoides para que tengan hijos personas a las que no conocen. Donor Sibling Registry (Registro de Hermanos por Donantes), un grupo que los conecta con sus familias, cree que hay un derecho vulnerado.

“Todos nosotros, miles de nosotros, hemos hecho estas conexiones”, dijo a CBS Wendy Kramer, la directora de la institución, cuyo hijo tiene 18 hermanos de donante identificados hasta ahora por estudios de DNA. “Es un derecho saber la verdad sobre el propio ADN, la propia historia, los familiares y sus antecedentes médicos”.

Desde la perspectiva del donante, Northwest Cryobank dijo que no todos los donantes querrán acceder, y que eso también es un derecho. “Del otro lado de la donación hay un ser humano que puede tener una pareja, padres, un empleo e hijos propios”, detalló la institución. “Y el contacto no solicitado “podría poner en peligro esas relaciones y esas familias”.

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