Uno de los debates más activos de la paleontología gira en torno a la desaparición de los neandertales, hace unos 40.000 años. Ahora, un estudio ha determinado que, aunque no fue el único factor, la endogamia jugó un papel fundamental en la extinción de esta especie.

El trabajo, publicado en Scientific Reports, ha sido realizado por paleoantropólogos, genetistas y arqueólogos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), del Instituto de Biología Evolutiva (IBE) y de la Universidad de Oviedo, todos ellos españoles.

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Para la investigación, el equipo científico utilizó los restos fósiles de varios individuos hallados en la cueva de El Sidrón, en Piloña (norte de España), el yacimiento neandertal más completo de la Península Ibérica y uno de los más importantes del mundo.

Sólo entre 2000 y 2013, en este yacimiento se recuperaron más de 2.500 restos óseos de al menos 13 individuos neandertales que vivieron hace aproximadamente 49.000 años y que han sido claves para hacer el estudio.

La extinción de los neandertales no se puede atribuir a una sola causa: “Probablemente se produjo por una combinación de factores ecológicos y demográficos que incluye la interacción con los humanos modernos”, explicó el director del trabajo y paleontólogo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), Antonio Rosas.

Sin embargo, estos humanos vivieron en grupos pequeños y separados geográficamente, es decir, estaban prácticamente aislados, un aislamiento les llevó a cruzarse entre miembros de la misma familia.

Con el paso del tiempo, el grupo se fue reduciendo aún más y aumentó la endogamia, “una práctica que mantenida en el tiempo pudo llevar a una importante disminución de la variabilidad biológica neandertal“, concluyó Rosas.

Para analizar el grado de endogamia de este grupo, los científicos utilizaron cuatro mandíbulas, tres maxilares, multitud de dientes, fragmentos craneales y diferentes huesos del tronco y las extremidades, es decir, fósiles de todo el esqueleto en los que detectaron hasta diecisiete anomalías congénitas distribuidas por todo el cuerpo.

Los restos óseos analizados pertenecían a un grupo familiar de trece individuos: siete adultos (cuatro mujeres y tres hombres), tres adolescentes y tres niños que compartían las mismas anomalías congénitas en la nariz, la mandíbula, las costillas, el pie y la muñeca, principalmente.

“Al menos cuatro de los trece neandertales de El Sidrón tenían una anomalía en el cierre del arco anterior o posterior de las vértebras cervicales. Otro caso llamativo es la presencia de anomalías de carácter congénito en el escafoides (hueso de la muñeca)”, detalló Luis Ríos, primer firmante del artículo e investigador del MNCN.

En algunos casos, el tamaño de los fragmentos ha impedido estudiar todas las singularidades genéticas de cada uno de los individuos, por lo que los investigadores no descartan además que estos rasgos anormales pudieran haberse repetido en más individuos del grupo.

Para Luis Ríos, estos hallazgos osteológicos demuestran unos niveles de endogamia “elevados” y “mantenidos en el tiempo” y que, probablemente se intensificaron en los últimos grupos de neandertales que sobrevivieron en el grupo.

Esta constatación genética de la endogamia se encuentra sistemáticamente en especies ya extintas o en las que están en peligro de extinción y han sufrido declives demográficos de larga duración temporal, es decir, “estamos viendo el resultado genético del proceso de extinción de los neandertales”, explicó a Efe el paleogenetista del IBE, Carles Lalueza-Fox.

Las anomalías congénitas detectadas en el grupo de neandertales de El Sidrón concuerdan además con los estudios genéticos realizados en otros grupos europeos como los de la cueva de Vindija o los de Altai, ambos en Siberia, donde también se han hallado muestras de la práctica de la endogamia e, incluso, de consanguinidad -en el caso de Altai-, es decir, que hubo descendencia entre hermanastros.

En investigaciones anteriores, los restos óseos neandertales de El Sidrón han permitido averiguar un sinfín de aspectos del modo de vida de esta comunidad prehistórica, como que distribuían el trabajo por sexos, utilizaban plantas con usos medicinales o habían practicado el canibalismo, entre otros.

EFE

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