El Gobierno estadounidense ha vuelto a amenazar a las empresas y naciones que compren petróleo a Venezuela. RT conversó con el politólogo Konstantín Símonov para repasar las ocasiones anteriores en que Washington presionó en el mercado energético con fines geopolíticos y utilizó los embargos petroleros como una herramienta para defender sus intereses nacionales.

En términos generales, se considera que en el capitalismo un precio se define como resultado de la oferta y la demanda. Pero algunas mercancías son más políticas que otras y hay una que es la que más: el petróleo, un recurso finito, complejo de obtener y con el cual no cuentan todos los países. Por eso su oferta está muy ligada a cuestiones geopolíticas.

En ese contexto, llaman la atención dos noticias de la actualidad. Una es que, en medio de la crisis política que atraviesa Venezuela, Estados Unidos amenaza a quienes compren petróleo de ese país. La otra, que Alemania, Francia y el Reino Unido consiguen abrir un canal de pago con Irán para eludir las sanciones del gigante norteamericano.

Embargo como represalia

La historia del primer embargo petrolero se remonta a 1973, año en que tuvo lugar la guerra árabe-israelí. Y aunque la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se había formado unos cuantos años antes del conflicto, fue en ese entonces cuando mostró su músculo y fuerza, deteniendo la producción petrolífera y embargando los envíos de crudo hacia Occidente en represalia contra los países que habían defendido a Israel.

Como resultado, se registró un recorte de unos 2,9 millones de barriles al día en la producción mundial, por lo cual los precios del crudo se dispararon y la factura energética de las economías industriales pasó de representar el 1,5 % del PBI al 5 %.

Un mercado dominado por especuladores 

“El actual sistema de fijación de precios en el mercado es resultado de lo sucedido en 1973”, de modo que, “aunque leamos mucha literatura analítica sobre cómo se forman los precios” en base a la oferta y la demanda, al final entendemos que la posición de los especuladores de contratos de futuros influye mucho más” en el valor del crudo, señala Símonov.

“Sabemos que hoy en día prácticamente todo el petróleo está bajo especulación”, mientras que “el 98 % de las transacciones de petróleo que se cierran” corresponde a volúmenes de crudo que luego “no circula“, añade el politólogo.

En 2012, la Unión Europea impuso un embargo total a las importaciones de petróleo iraní como sanción a su programa nuclear, mientras que EE.UU implementó sanciones contra cualquiera que no hiciera “lo suficiente” para dejar de depender del petróleo iraní. Como resultado, el precio subió, pero el gigante norteamericano se encontró en una situación paradójica.

Pragmatismo a toda costa

Por un lado, EE.UU. “era un importante importador” de crudo y “parecía estar interesado” en que el precio de ese producto fuera bajo, explica Símonov. Y agrega que, al mismo tiempo, el país necesitaba que los precios subieran “para estimular la inversión en sus costosos proyectos de extracción” de petróleo de esquisto.

La situación se calmó con el acuerdo nuclear iraní alcanzado en 2015, pero luego “llegó Trump, una persona más conservadora”, y anunció que “el sector energético de EE.UU. se basará en los hidrocarburos” y que es necesario “apoyar a los trabajadores de la industria petrolera del país”, con lo cual “volvió al tema del embargo petrolero respecto a Irán”, continúa el politólogo. En su opinión “EE.UU. es extremadamente pragmático con el asunto del embargo: si es beneficioso, hay que hacerlo“.

Hoy día el foco de Washington está en Venezuela, un país que, si bien actualmente no es un productor relevante, sí posee reservas de petróleo de enorme importancia a nivel mundial. En ese sentido, las decisiones de EE.UU. —uno de los países que más energía consume— quizás tengan más que ver con intereses concretos que con el ideal abstracto de la libertad.