El presidente iraní Hasan Rohani con la imagen de los líderes supremos de fondo (AFP)
El presidente iraní Hasan Rohani con la imagen de los líderes supremos de fondo (AFP)

Mas allá de los recientes festejos y la conmemoración por los 40 años de la Revolución Islámica. El régimen de Irán no tiene demasiado que festejar, menos aun después de que varios funcionarios de la Unión Europea evalúan designar a Irán como “una amenaza para la estabilidad regional”.

La semana pasada la canciller alemana, Angela Merkel, se manifestó favorable a respaldar la evaluación del comportamiento iraní como “inaceptable”. Al mismo tiempo, el presidente francés, Emmanuel Macron, insiste en que Irán debe dar cumplimiento a las resoluciones de la ONU y clausurar su proyecto de misiles balísticos. Sin embargo, la política de la UE sobre Irán, suponiendo que tal cosa existe, está plagada de contradicciones.

La portavoz de la UE para política exterior, Federica Mogherini, ha dedicado la mayor parte de su energía en gestionar como un grupo de presión en favor de la República Islámica. Ella ha visitado más de 30 países para presentar a la República Islámica como el cordero débil que enfrenta el gran lobo estadounidense.

Para mostrar el lugar especial que tiene el régimen en su corazón, cuando está en Teherán, Mogherini se coloca el hijab khomeinista, pero cuando visita otras capitales islámicas desata su cabello rubio, estas conductas han ido tan lejos de parte de la portavoz de la UE, que en privado, los funcionarios de la Europeos se mofan de ella por tal simbolismo infantil. No obstante, el problema es que el simbolismo importa tanto en la política como en la poesía. Por ejemplo, cuando, unas semanas después de dejar el cargo, el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Sigmar Gabriel, encabeza una delegación de empresarios europeos en Teherán y elogia a la República Islámica como una roca de estabilidad en el Oriente Medio, algunos líderes khomeinistas lo ven como un respaldo invalorable hacia Teherán.

Durante casi dos años, la UE ha fomentado -de forma negativa- en la República Islámica, la ilusión de que puede seguir haciendo lo que le plazca sin pagar ninguna consecuencia negativa. Cuando la administración Trump reveló una serie de medidas para obligar a Teherán a modificar aspectos de su comportamiento, la UE rechazó la posición estadounidense pero siguió todas las sanciones que Washington impuso a Irán. Sin embargo, al mismo tiempo, la UE nombró un equipo para encontrar formas de eludir esas mismas sanciones. Esta dualidad, por no decir falsa duplicidad, llevó a la idea de crear un “sistema alternativo de transacciones financieras comerciales” para ayudar a la República Islámica a vender su petróleo a Europa y comprar bienes y servicios europeos.

La idea de que la República Islámica merece un trato especial fue inventada por el ex-presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. El creó un Consejo de Seguridad de la ONU paralelo llamado grupo de 5+1.La idea era permitir que Teherán ignorara seis resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que no le gustaban. Obama también ignoró el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) eximiendo a Irán de sus términos y conjurando el llamado Plan de Acción Integral Conjunto (CJPOA, por sus siglas en inglés) que claramente establece que está hecho a medida solo para Irán. El trato especial de la UE a la República Islámica, incluye mantener en silencio a más de 20 ciudadanos de la UE actualmente retenidos como rehenes en Teherán. También está indicado por la mera respuesta rápida de los europeos a las últimas operaciones terroristas de la República Islámica en cuatro países europeos. Irónicamente, una exposición más creíble del papel destructivo que desempeña la República Islámica en Europa proviene del ex Embajador de Teherán en Berlín, Ali Majedi.

Majedi no es desertor ni disidente. Él está de vuelta en Teherán al final de su misión en Berlín, comenzando su jubilación. Sin embargo, dijo a los periodistas en Teherán que había visto que los europeos tenían “amplia evidencia” sobre las “actividades destructivas” de Irán que no podían atribuirse a los “elementos indisciplinados” en Teherán.

Los europeos, incluido el Secretario de Relaciones Exteriores británico Jeremy Hunt, se engañan creyendo que al “trabajar con Irán” podrían evitar que la República Islámica “cruce las líneas rojas”. El problema es que la República Islámica no cruza esas “lineas rojas” reales o imaginarias.

Como en su tiempo lo hacia la desaparecida Unión Soviética, la estrategia de la República Islámica es cruzar solo las “líneas rosadas”, que constituyen el 99 por ciento de las normas de comportamiento internacional, siempre que sea posible. La República Islámica de Irán no tiene tropas en Yemen, pero logra mantener esa tragedia ayudando a los rebeldes hutíes a aferrarse a la parcela de territorio que poseen.

Los últimos asesores militares iraníes han abandonado Irak, pero han dejado atrás a miles de militares iraquíes que vivieron en Irán durante décadas y tienen doble nacionalidad para liderar milicias en favor de Teherán. Por otro lado, Irán es quien marca la melodía en Beirut, pero no a través de las tropas iraníes, sino contratando mano de obra local de todas las comunidades, en particular de la comunidad chiita a través del grupo político-terrorista Hezbollah. De los aproximadamente 80,000 soldados que Teherán tiene en Siria, menos del 10 por ciento son iraníes, mayoritariamente son mercenarios de una docena de países, entre ellos Afganistán, Pakistán y la propia Siria, pero son sostenidos y pagados por Irán.

La República Islámica no ha cruzado ninguna línea roja en Afganistán, pero contrata a miles de hombres armados de todas las comunidades, y más recientemente también lo ha hecho entre los talibanes. En los países de la UE, Teherán tiene cuidado de no cruzar “líneas rojas”. Pero, cruza “líneas rosadas” cuando puede a través de mezquitas y organizaciones de caridad, donaciones religiosas y organizaciones benéficas usadas como fachada. Solo en Gran Bretaña, la República Islámica controla al menos una docena de “organizaciones benéficas” exentas de impuestos, que a menudo se utilizan para financiar grupos terroristas en todo el mundo o simplemente para ser utilizadas en el lavado de dinero. Parte del punto débil de la UE para la República Islámica puede estar inspirado en el anti-americanismo endémico que está presente en la mayoría de los círculos políticos europeos, desde la izquierda a derecha.

Vimos un ejemplo de ese latente anti-americanismo semanas atrás, cuando con motivo de la crisis en Venezuela, los miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA) rechazaron casi por unanimidad el reclamo de Nicolás Maduro a la presidencia y respaldaron a Juan Guaido como presidente interino de Venezuela y los funcionarios de la UE y varios medios de comunicación trataron de mostrar esto como otro ejemplo de cómo Estados Unidos se inmiscuye en los asuntos internos de Venezuela.

Por lo tanto, comenzaron diciendo la barbaridad de que no seguirán esa política. Sin embargo, una vez que se dieron cuenta de que el frente anti-Maduro cubría prácticamente toda América y no era una maniobra del presidente Donald Trump, utilizaron la duplicidad para cubrir su error y le ofrecieron a Maduro ocho días para organizar nuevas elecciones presidenciales o arriesgarse a que la UE respalde la afirmación de Guaido como la OEA. Era obvio que Maduro no aceptaría lo que equivaldría a admitir la legitimidad de su presidencia. Era obvio que no se podrían organizar elecciones en ocho días. También era obvio que incluso si una elección fuera sostenida por un régimen ilegítimo no tendría legitimidad. Aun así, la demagogia anti-americana de la UE había mostrado su política ridícula una vez mas.

Ya sea en materia de Venezuela, como en los asuntos con República Islámica en Irán, la Unión Europea debe elegir si elimina sus prismas anti-norteamericanos que hoy en día utilizan para ver la realidad o si continua en rumbo directo de colisión con el ridículo, no hay mas opciones, ni tiempo.