Para contabilizar aves en México lo tradicional es ir al lugar con binoculares y cuaderno (Foto: YouTube UNAM)
Para contabilizar aves en México lo tradicional es ir al lugar con binoculares y cuaderno (Foto: YouTube UNAM)

 El biólogo mexicano Esaú Villarreal desarrolló un sistema especial para observar y monitorear las colonias de flamencos sin perturbar su entorno.

Se llama FlaminGO! y fue creado para apoyar en los trabajos de monitoreo y conservación de la especie Phoenicopterus ruber. “Aquí, a través de instantáneas, podemos detectar patrones de crecimiento o mermas poblacionales y saber en qué áreas se concentran estos individuos ya que aún no las conocemos con certeza y, por lo mismo, bien podríamos estar destruyéndolas ahora mismo sin darnos siquiera cuenta”, explica el científico.

Las fotografías que Villarreal toma son hechas a decenas o cientos de metros de altura, desde un dron, y luego son analizadas por un algoritmo que, de manera automática, calcula cuántos individuos integran esos grupos y dónde se reúnen.

El científico de la UNAM explica que no es sencillo observar las aves con binoculares debido a que los animales se mueven constantemente (Foto: YouTube UNAM)
El científico de la UNAM explica que no es sencillo observar las aves con binoculares debido a que los animales se mueven constantemente (Foto: YouTube UNAM)

Tradicionalmente, para contabilizar aves se acudía al sitio con binoculares y un cuaderno y se observaba al grupo, lo que no es nada sencillo debido a que cada integrante de la bandada se mueve, unos llegan y otros se van.

Según explicó el científico en la página web de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la visión horizontal del humano tiende a confundirse ante los cambios de profundidad y eso dificulta determinar cuántos objetos tenemos ante nosotros, especialmente si pasan la decena.

Esaú Villarreal explica el sistema de FlaminGO! (Video: YouTube UNAM)

Por ello, el ornitólogo decidió que lo mejor era cambiar la perspectiva y ver las cosas desde lo alto, a través de la cámara de un dron. “La idea era tener algo así como un ojo en el cielo”, relata.

Villarreal explica que seleccionó a estas aves por su típico color rosado, que las hace destacar contra cualquier fondo, además por ser acuáticas, y que no se ocultan entre follajes ni se mimetizan con la hojarasca. Todos estos elementos hacen que los flamencos puedan ser fácilmente observados desde el aire.

Los flamencos no son rosados de nacimiento, en realidad son blancos pero adquieren esa tonalidad por ingerir grandes cantidades de algas microscópicas ricas en carotenoides (Foto: YouTube UNAM)
Los flamencos no son rosados de nacimiento, en realidad son blancos pero adquieren esa tonalidad por ingerir grandes cantidades de algas microscópicas ricas en carotenoides (Foto: YouTube UNAM)

“Lo que ocurre con el sistema de FlaminGO! es que cuando detecta algo de color rosáceo, de inmediato revisa si esa figura tiene las características de un ave; si ambas condiciones se cumplen, se suma un individuo al recuento y eso permite establecer un cálculo del total de los animales”, detalla.

Para demostrar la efectividad del software de FlaminGO!, Esaú y la profesora Patricia Ramírez Bastida, compararon los resultados obtenidos desde el dron contra los de los profesionales del conteo.

Los números automatizados de FlaminGo! siempre fueron más certeros y hasta un cuatro mil por ciento más rápidos (Foto: YouTube UNAM)
Los números automatizados de FlaminGo! siempre fueron más certeros y hasta un cuatro mil por ciento más rápidos (Foto: YouTube UNAM)

Para ello, cada uno analizó las mismas fotografías e hicieron sus estimados. La efectividad de los humanos osciló entre 70 y 89%, mientras que la del programa computacional, registró una constante de 95% de fiabilidad.

La mayor diferencia entre ambos fue en cuanto al tiempo ya que, el algoritmo de Esaú tardó apenas 60 segundos en analizar cada imagen y los humanos se demoraron 40 minutos.

“Esto demuestra que con la tecnología podemos no sólo obtener datos mucho más fidedignos, sino ahorrarnos muchas horas y recursos”, comentó el biólogo. “Facilita nuestro trabajo. Estas vistas aéreas nos permiten observar no sólo las dinámicas poblacionales, sino sus hábitos de alimentación y reproductivos, algo complicado cuando intentamos hacerlo en tierra”, concluye.